El pasado persigue a Nairo Quintana, que renace en su Colombia | Ciclismo | Deportes

Nairo Quintana, con sus Movistar, durante la presentación del Tour Colombia.Prensa/Tour Colombia

Nairo Quintana regresa, emocionado, con la voz temblando, a su rutina de ciclista popular a orillas del lago Sochagota, en Paipa. Esto supone carreras hacia el podio de firmas, agentes de seguridad protegiéndolo y decenas de periodistas persiguiéndolo.

Es la salida del primer día del Tour Colombia, la primera carrera por etapas que inicia el ciclista de Tunja desde que terminó el Tour de Francia de 2022, excluyendo el campeonato nacional, la pasada semana. En el rostro del corredor y en el de la gente de su familia o de su negocio que le acompaña entre los agentes de seguridad brilla, intensa, la importancia del momento, el final de una crisis que acercó a Nairo a la depresión, más aún que la alegría o felicidad de un ciclista injustamente sancionado que vuelve a correr entre su pueblo. Unos cuantos de los periodistas, y las preguntas que almacenan en su cabeza mientras le siguen, representan, y él no lo sabe, un pasado del que no logra huir. No hay en ellos curiosidad por conocer si hay nostalgia o resentimiento o rabia en el ánimo del ciclista campeón. No sopesan preguntas sobre el tramadol, el analgésico que le dejó todo 2023 fuera del pelotón, el pasado reciente ya superado con su fichaje por el Movistar en octubre pasado, sino sobre otro asunto que también llega del Tour de Francia y se creía olvidado en una carpeta polvorienta en el cajón de un despacho de una fiscalía de Marsella, donde reposaba desde septiembre de 2020.

En ella figuraba la investigación de la fiscal Dominique Laurens al médico colombiano Fredy Alexander González Torres, sospechoso de prácticas dopantes durante el Tour en el equipo Arkea y, más concretamente en las personas de Nairo Quintana y su hermano Dayer, también ciclista en el Tour de 2020. Coincidiendo con la resurrección de Nairo tres años después, la carpeta revivió, la fiscal que había empezado a rellenarla de documentos, de actas de registro de habitaciones de hotel y de transcripciones de interrogatorios, consideró que la investigación ya estaba completa. La cerró y concluyó que había motivos para procesar al médico, juicio que fijó para el 2 de septiembre próximo. Los delitos de los que se le acusa –”posesión de una sustancia o método prohibido para deportistas y por administrar a Dayer y Nairo Quintana, sin justificación terapéutica, una sustancia o método prohibido”—le pueden llevar a un máximo de cinco años de condena y a una multa de 75.000 euros.

La noticia, que terminó de extenderse cuando Nairo ya había salido, pilló desprevenidos a todos. “¿Pero seguía abierta la investigación?, se extrañó Luisa Ríos, agente y portavoz de Nairo, y mostró absoluta tranquilidad: “En el registro que hicieron a su habitación de hotel, en Méribel, tras la etapa del col de La Loze, no encontraron nada prohibido. Ni Nairo ni Dayer han dado positivo en ningún control. Y la UCI nunca les abrió un expediente por posible dopaje”. Eusebio Unzue, el mánager del Movistar que decidió romper el veto del WorldTour a Nairo por el problema del tramadol y lo devolvió al pelotón, mostró su total confianza en el colombiano: “Estoy tranquilo”.

La fiscal comenzó a trabajar en julio de 2020. Después de la etapa reina del Tour con final en el Col de La Loze (victoria de Superman), la policía registró durante horas las habitaciones de los hermanos Quintana y del médico y el fisio. Ni la fiscalía ni la policía revelaron nunca qué se halló, pero Reuters informó de que lo más llamativo era un frasco de solución salina (suero fisiológico) de 100cc y agujas para inyectar. Las normas antidopaje del Tour prohíben el uso de inyecciones para recuperar durante la carrera a no ser en casos de urgencia (deshidratación bárbara, por ejemplo).

Nairo pasó la noche del registro sin cenar (hasta medianoche no se fueron los policías del hotel en la estación de Méribel), después de una etapa, la 17ª del Tour, en la que tras cinco horas y cuarto de pedaleo los hermanos Quintana llegaron juntos a la meta a más de 25 minutos de su compatriota Superman. Nairo, además, llegaba con múltiples magulladuras y heridas tras haber sufrido tres caídas durante el Tour, una de ellas en una mata de ortigas.

El día siguiente de terminar el Tour, Dayer y Nairo declararon durante horas ante la fiscal, que en septiembre detuvo durante 72 horas al médico y a un masajista del Arkea. Cuando fueron puestos en libertad, Nairo emitió un comunicado desde su domicilio, en Mónaco.

“Jamás he utilizado sustancias dopantes”, declaró Nairo, un ciclista que ha sido un adalid del ciclismo limpio, enfrentándose a quienes mantienen una actitud tibia ante el dopaje. “Yo, sin miedo, seguiré siendo fuerte, defenderé la verdad y seguiré mi camino, por más que la multitud, a ratos, tome otro rumbo”. El ciclista subrayó que en el registro la policía se incautó de “suplementos vitamínicos perfectamente legales, aunque quizás no familiares para las autoridades francesas. Esta es la principal razón por la que se necesita tanto tiempo para que se aclare bien todo lo sucedido”. “Nunca se encontraron sustancias dopantes”, añadió Nairo. En apoyo de sus palabras acude el hecho de que ni él ni ninguno de los investigados fueran detenidos y expulsados del Tour tras el registro, lo que hubiera ocurrido (el dopaje es un delito penal en Francia) si se hubiera encontrado algún producto dopante.

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